¿Por qué al diseñar casas seguimos pensando en una familia que ya no existe?

Durante muchos años, las viviendas se organizaban alrededor de una idea muy concreta de familia: una pareja con hijos que pasa tiempo en casa. La distribución tradicional responde a esa idea: un salón para reunirse, una cocina, un dormitorio principal y varias habitaciones destinadas a los hijos. Cada espacio tiene su función muy clara y parece que todos los habitantes tengan las mismas necesidades.

Hay personas que viven solas, parejas que no tienen hijos, familias reconstituidas, hogares en los que conviven varias generaciones… Diseñar casas tiene que hacerse como respuesta a la forma en que se viven, y esa forma de vivirlas ha cambiado. 

 

Diseñar casas para la clásica idea de familia tradicional

Muchas de las distribuciones que seguimos considerando “normales” tiene su origen en esa idea de familia y cómo se vive la casa:

  • La separación entre zonas de día y noche, por ejemplo, es lógica cuando varias personas comparten una vivienda y tienen horarios y necesidades diferentes.  
  • La idea de que el salón es el lugar común, los dormitorios son los espacios privados y la cocina solo sirve para preparar la comida.

Pero la vida cotidiana actual no siempre encaja en esa estructura tan concreta:

  • Una persona que trabaja desde casa puede necesitar un espacio de trabajo durante ocho horas, pero no tiene que utilizar necesariamente una habitación completa como oficina.
  • Una pareja puede preferir utilizar una habitación como biblioteca o espacio creativo en lugar de reservarlo para un futuro dormitorio infantil.
  • Una familia con hijos adolescentes puede necesitar más privacidad de la que permite una habitación pensada para niños pequeños.

La vivienda puede ser la adecuada, simplemente está diseñada para otra forma de vivir que no encaja en la de sus habitantes actuales.

 

Habitaciones que tienen más de una función

Uno de los cambios más importantes del hogar contemporáneo es que las habitaciones han dejado de tener un único uso. El mismo espacio puede convertirse en:

  • Zona de trabajo durante la mañana
  • Comedor a mediodía
  • Lugar de descanso por la tarde
  • Espacio para recibir visitas por la noche

Con esto no nos referimos a casa completamente diáfanas o habitaciones que sirven para todo, sino a distribuciones que responden a las rutinas de las personas y no a las funciones tradicionales de cada estancia.

Esto se consigue, por ejemplo, con una mesa de trabajo que desaparece visualmente cuando termina la jornada o una zona de paso que incorpora almacenaje. También con una cocina que se convierte en espacio de reunión o una habitación extra que funciona como despacho y dormitorio adicional mediante un sofá cama.

 

El salón ya no tiene por qué ser el centro de todo

Durante muchas décadas, el salón fue el corazón de la vivienda, es lógico. Pero hoy en día, las actividades están mucho más repartidas.

Una persona puede:

  • Trabajar en la cocina
  • Leer en el dormitorio
  • Hacer ejercicio en el despacho
  • Comer en la terraza

Esto explica el éxito de soluciones de interiorismo como las cocinas abiertas, que no son únicamente una cuestión de estética. Son algo social, permiten cocinar, comer, conversar y trabajar en el mismo espacio.

Diseñar casas tiene que basarse en esa diferencia, no puede asumir que existe una distribución estándar perfecta para todo el mundo.

 

¿Y qué hacemos con las habitaciones “que sobran”?

En los tiempos que corren, es difícil que “sobre” alguna estancia, porque las casas son cada vez más pequeñas, pero las casas de antes solían tener como mínimo tres dormitorios. Ahora, es probable que sus habitantes no necesiten tres dormitorios.

Una habitación puede convertirse en:

  • Espacio de trabajo
  • Vestidor
  • Biblioteca
  • Habiación de invitados
  • Lugar para practicar una afición
  • Ampliación de otra estancia

Lo importante es que el espacio sea flexible, que no quede condicionado para siempre por una función que quizá ya no tiene sentido.

 

El futuro de la vivienda quizás es menos predecible

Puede que este sea uno de los mayores retos del interiorismo en la actualidad, porque no sabemos cómo será nuestra vida dentro de diez o veinte años. Quizá ni siquiera dentro de cinco.

Pueden cambiar la forma de trabajar, las necesidades de privacidad, el número de personas que viven en la casa… Por eso empiezan a cobrar importancia aquellas soluciones que permiten modificar los espacios sin necesidad de obra:

  • Puertas correderas
  • Separaciones móviles
  • Mobiliario transformable
  • Habitaciones polivalentes

Estas soluciones permiten diseñar casas que se adaptan a distintas etapas de las personas. El objetivo es que la vivienda no quede obsoleta cuando cambien las necesidades de quienes la habitan.

Una casa puede seguir teniendo salón, cocina y dormitorios, pero las fronteras entre sus funciones son mucho más sutiles. Al pensar en cómo vive la persona, la distribución deja de ser una plantilla para convertirse en una herramienta que hace que la casa funcione de verdad.