Cuánto gasta una aerotermia en invierno: consumo real y factura

La pregunta cuánto gasta una aerotermia en invierno parece tener una respuesta sencilla. Una cifra, unos euros al mes y listo. Pero aquí llega la primera sorpresa: dos viviendas con la misma máquina pueden tener facturas muy distintas. No calienta igual un piso bien aislado que un chalet con ventanas antiguas, ni necesita el mismo esfuerzo una instalación con suelo radiante que otra conectada a radiadores convencionales.

Además, el clima cuenta mucho. Una vivienda en Asturias, otra en Madrid y otra en Burgos pueden tener la misma aerotermia y vivir inviernos muy diferentes. La bomba de calor extrae energía del aire exterior, así que cuando baja la temperatura también cambia su rendimiento. Aun así, sigue siendo capaz de trabajar con temperaturas exteriores bajas. El problema no es que «deje de funcionar», sino que necesita más electricidad.

Por eso, hablar de aerotermia en pisos pequeños tampoco significa que el consumo vaya a ser siempre bajo. Importan los metros cuadrados, sí, pero también el aislamiento, las horas de funcionamiento, la temperatura elegida y el sistema que reparte el calor. Una vivienda de 70 m² mal aislada puede dar más trabajo a la máquina que otra de 100 m² bien protegida del frío.

Qué determina cuánto gasta una aerotermia en invierno

Hay una idea que conviene tener clara desde el principio: la aerotermia no convierte un kilovatio eléctrico en un kilovatio de calor. Puede entregar varios kilovatios térmicos por cada kilovatio eléctrico consumido. Ese rendimiento se mide mediante el COP y, cuando hablamos de una temporada completa, mediante valores estacionales como el SCOP.

Ahora bien, ese rendimiento cambia. El IDAE muestra cómo el COP disminuye cuando baja la temperatura exterior y también cuando aumenta la temperatura de impulsión del agua. Dicho de forma sencilla: producir agua muy caliente cuando fuera hace mucho frío exige más esfuerzo. Por eso, una instalación que trabaja a baja temperatura suele tener una situación más favorable.

Imaginemos una vivienda que necesita unos 1.500 kWh térmicos durante un mes frío. Si la bomba trabaja con un rendimiento medio equivalente a un COP de 3, necesitaría alrededor de 500 kWh eléctricos. Con un precio hipotético de 0,18 €/kWh, esa parte del consumo supondría unos 90 euros. No es una factura universal ni una promesa de ahorro: es un ejemplo que permite entender la cuenta.

La temperatura también pasa factura

Aquí aparece otro detalle curioso. Subir el termostato de 20 a 22 ºC no parece gran cosa mientras estamos en el sofá. Sin embargo, cada grado adicional aumenta la demanda de calefacción. El IDAE estima un incremento aproximado del 7 % del consumo energético por cada grado que se eleva la temperatura interior.

También influye la temperatura del agua que circula por los emisores. El suelo radiante suele trabajar a temperaturas más bajas, mientras que unos radiadores convencionales pueden necesitar más temperatura. La aerotermia puede funcionar con ambos sistemas, aunque los radiadores convencionales pueden reducir la eficiencia frente a soluciones de baja temperatura.

Y queda el aislamiento. Una casa bien aislada conserva durante más tiempo el calor que ya hemos pagado. Parece una obviedad, pero tiene una consecuencia importante: antes de preguntar cuánto consume una aerotermia al mes, conviene saber cuánto calor necesita realmente la vivienda.

Entonces, ¿cuánto cuesta la aerotermia al mes? La respuesta depende del consumo eléctrico total y del precio contratado. Además, si la máquina produce agua caliente sanitaria, ese consumo también aparece en la factura. Por eso no conviene mirar únicamente el gasto de calefacción.

  • Una vivienda bien aislada: necesitará menos energía térmica y, por tanto, la bomba tendrá menos trabajo. Si además utiliza suelo radiante o emisores de baja temperatura, las condiciones pueden ser especialmente favorables.
  • Una vivienda con radiadores convencionales: puede funcionar con aerotermia, pero quizá necesite temperaturas de impulsión más elevadas. Eso puede reducir el rendimiento. OCU señala precisamente que los radiadores convencionales permiten aprovechar una instalación existente, aunque con una pérdida de eficiencia respecto a sistemas de baja temperatura.
  • Un mes especialmente frío: la máquina tendrá que trabajar más y su rendimiento puede bajar. No significa que el sistema se vuelva ineficiente de repente; simplemente la diferencia entre el exterior y la temperatura que queremos dentro aumenta.
  • Una casa a 22 o 23 ºC todo el día: gastará más que otra mantenida a 20-21 ºC. Además, dejar la calefacción funcionando cuando la vivienda está vacía no suele tener sentido. El IDAE recomienda adaptar el funcionamiento a los horarios reales de ocupación.
  • Una instalación con placas solares: puede reducir la electricidad que se compra a la red cuando existe producción solar suficiente. Sin embargo, en pleno invierno la generación fotovoltaica y la demanda de calefacción no siempre coinciden. El sol tiene la desagradable costumbre de trabajar más cuando menos falta hace.

En definitiva, saber cuánto gasta una aerotermia en invierno exige mirar algo más que la máquina. Hay que conocer la vivienda, el clima, los emisores, la temperatura de trabajo, las horas de funcionamiento y el precio de la electricidad. Esa es la única forma de acercarse a un cálculo realista y evitar cifras espectaculares que luego no se parecen en nada a la factura de casa.